La insuficiencia cardiaca (IC) es una de las condiciones crónicas más prevalentes en las personas mayores y un punto de inflexión en su trayectoria de salud. Su aparición suele marcar un aumento de la fragilidad, la dependencia y el riesgo de hospitalización. Sin embargo, la IC en el anciano no es simplemente “la misma enfermedad en un cuerpo más viejo”: su expresión clínica, su fisiopatología dominante y su impacto funcional difieren de forma sustancial respecto a los adultos más jóvenes.
Este estudio revisa qué elementos cambian en la IC del anciano y por qué requieren un enfoque clínico distinto. En el se destaca que la IC en mayores se caracteriza por una mayor prevalencia de fracción de eyección preservada, multimorbilidad, polifarmacia y un peso mucho mayor de los síndromes geriátricos. Estos factores modifican la presentación clínica —menos disnea típica, más síntomas inespecíficos— y condicionan tanto el diagnóstico como la respuesta al tratamiento.
La evaluación funcional, la valoración cognitiva y la identificación de comorbilidades relevantes (renal, pulmonar, anemia, enfermedad de pequeños vasos) son tan importantes como la ecocardiografía para orientar el manejo. Además, la tolerancia a los fármacos guía (IECA/ARA-II, betabloqueantes, ARM, iSGLT2) puede estar limitada por hipotensión, deterioro renal o interacciones.
En el contexto actual, donde la IC es una de las principales causas de hospitalización y mortalidad en mayores, es necesario un enfoque geriátrico: individualizar objetivos, priorizar calidad de vida, ajustar tratamientos según la tolerancia y evitar la cascada de intervenciones que no aportan valor. La IC en el anciano no exige más tratamiento, sino mejor tratamiento, adaptado a la complejidad de cada persona.
Grupo de Geriatría Basada en la Evidencia
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