La fragilidad es un estado clínico que reduce la reserva fisiológica y dificulta la respuesta ante situaciones de estrés, como un infarto sin elevación del ST. En la práctica, los pacientes frágiles presentan más comorbilidades, mayor complejidad coronaria y peor pronóstico, pero también suelen estar infrarrepresentados en los ensayos clínicos. Por ello, existe incertidumbre sobre si una estrategia invasiva aporta beneficios reales en este grupo, o si, por el contrario, puede aumentar riesgos.
La subanálisis del ensayo SENIOR‑RITA aportan pruebas contundentes para orientar decisiones en un escenario clínico cada vez más frecuente: el infarto en personas mayores y frágiles. El análisis incluyó 469 pacientes frágiles (edad mediana 83 años) dentro de los 1 446 participantes con datos completos de fragilidad. Se comparó una estrategia invasiva (angiografía y revascularización si procedía) frente a un manejo conservador. El resultado principal —muerte cardiovascular o infarto no fatal— ocurrió en 37,7% del grupo invasivo y 29,4% del conservador (HR 1,21; IC 95% 0,88–1,67). No hubo diferencias en muerte cardiovascular ni en infarto no fatal por separado. Los pacientes frágiles también mostraron más complicaciones procedimentales, aunque con baja frecuencia absoluta.
En nuestro entorno, donde la población mayor y frágil es cada vez más prevalente, estos resultados refuerzan la necesidad de una estrategia individualizada. La ausencia de beneficio y el posible daño en los más frágiles sugieren que la invasión rutinaria no debe ser la opción por defecto. Integrar la fragilidad en la toma de decisiones —junto con comorbilidades, preferencias del paciente y objetivos de cuidado— es esencial para evitar intervenciones potencialmente perjudiciales y priorizar un manejo centrado en la persona.
Grupo de Geriatría Basada en la Evidencia
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