La dieta perfecta para la hipertensión… casi nadie la consigue

En pacientes con hipertensión, las recomendaciones parecen sencillas: menos sodio y más potasio. Sin embargo, cuando se exige cumplir ambas simultáneamente, la realidad es muy distinta, especialmente en las personas mayores, en quienes las recomendaciones dietéticas deben adaptarse a su situación clínica y funcional.
Un análisis de 28 356 adultos estadounidenses con hipertensión, procedentes de 12 estudios de las Encuestas Nacionales de Salud y Nutrición de EE. UU. entre 1999 y 2023, encontró que solo el 29,4 % cumplía la recomendación de sodio (<2 300 mg/día) y el 20,3 % la de potasio (>3 500 mg/día). Pero solo el 1,3 % cumplía ambas. Con objetivos más estrictos (<1 500 mg de sodio y >4 700 mg de potasio), la cifra descendía hasta un sorprendente 0,03 %. La explicación puede estar en la propia dieta: el consumo de sodio y potasio estaba fuertemente correlacionado (r = 0,62), al igual que el sodio con las calorías (r = 0,77). Es decir, aumentar el potasio no implica necesariamente mejorar la alimentación: puede acompañarse de un mayor consumo de sodio y calorías.
En la persona mayor, además, la recomendación dietética no puede desligarse de la situación clínica. No siempre es apropiado perseguir objetivos estrictos de potasio, especialmente ante enfermedad renal o el uso de fármacos que favorecen la hiperpotasemia. También deben considerarse el apetito, el estado nutricional, la capacidad funcional, el deterioro cognitivo y la posibilidad real de modificar la alimentación. Por ello, quizá no baste con decir al paciente «coma menos sal y más potasio». El objetivo debería ser mejorar la calidad de la dieta, priorizando alimentos frescos y naturalmente ricos en potasio y reduciendo los productos ultraprocesados y con alto contenido en sodio, siempre de forma individualizada en la persona mayor.
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