El tratamiento de la hipertensión en personas mayores es un ejercicio de precisión clínica. No basta con reducir cifras, importa cómo cada fármaco interactúa con la fragilidad, la comorbilidad cardiovascular, la función renal y el riesgo de los efectos adversos. En mayores de 75 años, la elección inicial condiciona la tolerabilidad, el cumplimiento y los efectos a largo plazo. Por eso, disponer de pruebas comparativas reales entre clases antihipertensivas es especialmente valioso en geriatría.
Este estudio japonés analizó, mediante una emulación de ensayo clínico en una gran base de datos nacional, a casi 30 000 adultos mayores de 75 años que iniciaban el tratamiento con antagonistas del receptor de angiotensina (ARB) o calcioantagonistas (CCB). A pesar de lograr un control tensional prácticamente idéntico, los ARB se asociaron con mejor supervivencia: a cinco años, la mortalidad fue del 12,7 % con ARB frente al 14,8 % con CCB. Además, los ARB mostraron menor riesgo de hospitalización por insuficiencia cardiaca, infarto, ictus y acontecimientos cardiovasculares mayores. Los autores interpretan que el beneficio podría deberse a efectos pleiotrópicos de los ARB más allá de la reducción de presión arterial.
Cuando no existen contraindicaciones y el perfil del paciente se asemeja al de la cohorte estudiada, los ARB pueden considerarse ligeramente preferibles como opción inicial, siempre dentro de una estrategia individualizada que contemple la fragilidad, la función renal, la polifarmacia y objetivos terapéuticos realistas. Si se duda entre ARB y CCB para empezar en un paciente muy mayor, la balanza se inclina, aunque de forma modesta, hacia los ARB.
Grupo de Geriatría Basada en la Evidencia
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