
La infección por Clostridioides difficile es especialmente relevante en las personas mayores, por su mayor exposición a antibióticos, hospitalizaciones y comorbilidad, y por el riesgo de recurrencia.
Una nueva actualización de práctica clínica de la American Gastroenterological Association (AGA) recoge 14 recomendaciones para su diagnóstico, tratamiento y prevención.
El diagnóstico debe integrar síntomas compatibles y pruebas microbiológicas, preferentemente mediante un algoritmo multietapa. Un resultado positivo de PCR con toxina negativa no debe interpretarse de forma aislada: si la sospecha clínica es elevada, se recomienda tratar. La infección se clasifica en no grave, grave (leucocitos >15 000/µL y/o creatinina >1,5 veces el basal) o fulminante (shock, íleo o megacolon). Para la infección no fulminante, la fidaxomicina (200 mg/12 h durante 10 días) es el tratamiento preferente por su menor riesgo de recurrencia, aunque la vancomicina oral (125 mg/6 h durante 10 días) continúa siendo una alternativa válida. El metronidazol no debe utilizarse salvo en la infección fulminante, en la que se recomienda vancomicina a dosis altas (500 mg/6 h), asociada a metronidazol intravenoso y, si existe íleo, vancomicina rectal. No debe realizarse una prueba de curación rutinaria tras el tratamiento.
En las recurrencias adquieren especial importancia las terapias dirigidas a restaurar la microbiota intestinal, incluido el trasplante de microbiota fecal y productos de microbiota autorizados. En pacientes con múltiples recurrencias que no sean candidatos a estas terapias puede considerarse vancomicina oral supresora a dosis bajas. No se recomienda utilizar probióticos para prevenir la infección ni vancomicina durante tratamientos antibióticos sistémicos con finalidad preventiva.
Deben evitarse los antibióticos innecesarios y revisar la indicación de los inhibidores de la bomba de protones, sin suspenderlos cuando exista una indicación clínica válida.
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