
En la atención oncológica de las personas mayores, prolongar la supervivencia no siempre constituye el objetivo prioritario. La calidad de vida, la autonomía y la carga del tratamiento pueden adquirir mayor importancia cuando la enfermedad está avanzada. La toma de decisiones compartida exige conocer las preferencias de cada paciente e incorporarlas a las decisiones terapéuticas, especialmente cuando existen fragilidad, multimorbilidad o riesgo de toxicidad. Sin embargo, expresar una preferencia no garantiza que el sistema sanitario la traduzca en un plan asistencial acorde con los objetivos personales.
Richardson y colaboradores realizaron un análisis secundario del ensayo clínico por conglomerados GAP70+, que incluyó a personas mayores con cáncer avanzado. De los participantes evaluados, 506 (71,7%) priorizaban mantener la calidad de vida, mientras que menos de uno de cada diez daba prioridad a prolongar la supervivencia. El estudio examinó si estas preferencias se relacionaban con modificaciones iniciales del tratamiento, acontecimientos adversos graves, hospitalizaciones y supervivencia. No se observaron diferencias estadísticamente significativas entre los grupos en las modificaciones terapéuticas iniciales (RR 1,03; IC 95%: 0,84–1,27), los acontecimientos adversos de grado 3–5 (HR 0,84; IC 95%: 0,57–1,23), las hospitalizaciones (HR 0,74; IC 95%: 0,39–1,41) ni la supervivencia a los seis meses o al año. Por tanto, las preferencias declaradas no se asociaron con los resultados posteriores evaluados.
Estos hallazgos plantean una cuestión esencial para la geriatría: ¿estamos adaptando realmente los tratamientos a lo que importa a cada paciente? La ausencia de diferencias no demuestra que las preferencias carezcan de importancia, sino que podrían no traducirse suficientemente en decisiones clínicas o que el estudio no tuviera capacidad para detectar diferencias. Es necesario explorar los objetivos terapéuticos de forma explícita, documentarlos y revisarlos durante la evolución. La calidad de una decisión no depende únicamente del resultado clínico, sino también de su concordancia con los valores y prioridades de la persona. La valoración geriátrica integral y la toma de decisiones compartida deben ayudar a convertir las preferencias en planes terapéuticos individualizados.
Grupo de Geriatría Basada en la Evidencia de la SEMEG
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