Los diuréticos representan un pilar básico en el manejo de la insuficiencia cardíaca sintomática y en la hipertensión, ambas tan prevalentes en la vejez; sin embargo, su uso crónico en ancianos plantea desafíos por la disminución de beneficios y el aumento de los efectos adversos con la edad.
El estudio analiza 117 revisiones sistemáticas (1 566 ensayos controlados aleatorizados, >1,5 millones de participantes, edad media 62 años)1. En los resultados se evidencia que los antagonistas de receptores mineralocorticoides (espironolactona, eplerenona, finerenona) reducen la mortalidad cardiovascular (RR 0,83), las hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca (RR 0,79) y la fibrilación auricular (RR 0,76) en la insuficiencia cardíaca, la enfermedad renal crónica y la diabetes tipo 2.
Además, finerenona disminuye la enfermedad renal terminal (RR 0,80). Sin embargo, pueden favorecer la hiperpotasemia (RR 2,09-2,31), sobre todo en mayores de 65 años, donde los beneficios cardiovasculares coexisten con mayor toxicidad.
Respecto a las tiacidas, reducen los acontecimientos cardiovasculares en la hipertensión (RR 0,85).
En cuanto a los diuréticos de asa, la torasemida disminuye más hospitalizaciones en comparación con la furosemida (RR 0,53). Menos del 3% de los resultados priorizan la calidad de vida o la función física
Un problema habitual en geriatría, es la escasa información científica existente en ancianos con pluripatología y sobre la necesidad de desprescribir en pacientes frágiles. Esperemos que futuros ensayos incluyan a más pacientes de más de 75 años, con pluripatología y que midan resultados más apropiados en geriatría como la función física y la calidad de vida para poder mejorar las decisiones de prescripción y deprescripción de estos fármacos.
Carmen Alcaraz López. FEA Geriatría. CHU Cartagena
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